Entre el árido Sahel y las regiones subtropicales, el tiempo continúa pasando muy despacio e incluso en algunos lugares parece que se detenga. Sus poblados, sus gentes y sus paisajes tan diversos, nos harán vivir un viaje inédito donde el contacto humano aún es bastante intenso. Las regiones de la curvatura del Djoliba (Níger) fueron siempre un punto de encuentro de los pueblos y culturas de estas tierras. Un hilo de agua, en la inmensidad del Sahara, que nace en las selvas atlánticas de Guinea Conakry (La FoutaDjalon) y muere en el Golfo del Guinea nigeriano., a más de 4200 kilómetros. Su paso enmarca unas tierras de contrastes, de paisajes cambiantes, de ritmos distintos, de diferencias… El río fluye lentamente y, a su paso, en cualquier parte de la curva, alimenta la semilla de futuros equilibrios del legendario Mali.
El viaje por estos caminos da una experiencia de inmersión total en un territorio austero y fascinante, de gentes de personalidad inmensa y autentica. El delta del Níger es un lugar de encuentro y mestizaje, un mosaico cosmopolita donde se encuentran los dogón, los peul, los songhai, los bambara, los marka, los tuareg, los bozo… Todos aquellos que conformaron los grandes imperios de Ghana y Shongai y que han dado paso al país que es hoy día.
La edad de oro de Tombuctú, se hizo posible gracias al aporte de todas estas etnias circundantes al delta, pertenecientes al antiguo imperio de Ghana, que englobaba el actual Mali y todas las regiones convergentes con Senegal y Mauritania. La Falla de Bandiagara y el sofisticado universo del País Dogon, que han conseguido debido a su relativo aislamiento, preservar sus costumbres de antaño. Se mantienen unidos en torno a su religión tradicional, cuyo espíritu se traduce en una poética y elaborada cosmología universal, desvelada al mundo occidental por primera vez, por el antropólogo Marcel Griaule en su libro Dios de Agua.
En el delta inferior, Djenné ocupa un lugar preponderante. Gracias a su majestuosa mezquita, el comercio, el colorido mercado de los lunes,sus bibliotecas con una larga tradición de estudios académicos y islámicos y por encarnar los fundamentos de la civilización de Mali, la emblemática ciudad, fue declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Puerto base del comercio frenético hacia Djenné, Tombuctú y Gao: Mopti, la Venecia Africana, es la ciudad del delta más dinámica y bulliciosa, situada en la confluencia del río Níger y el río Bani. Su actividad comercial es constante, pero los jueves el número de vendedores aumenta y los puestos se desparraman desde el puerto fluvial hasta invadir el centro urbano.
BURKINA FASO
Burkina Faso, la tierra de los hombres íntegros. Renombramiento que le dio el capitán Thomas Sankara cuando gobernaba el país en 1984. Antes era conocido como Alto Volta. En este pequeño país multicultural de sabana sudanesa occidental, conviven 67 etnias. Cada una de ellas con su lenguaje, vestimenta y rasgos físicos diferentes.
En el norte, el Sahel, es la zona geográfica entre el desierto del Sahara y la sabana. Es una zona que es prácticamente igual al Sahara, la diferencia es que llueve un par de meses por año. Las etnias que viven aquí son mayoritariamente Peul y Touareg, que debido al rigor del terreno, las tierras son parcialmente cultivables, por esto, ambos son excelentes ganaderos-pastores transhumantes.
En Goroum-goroum, cada jueves y en Markoy, todos los lunes, celebran su mercado semanal, donde confluyen todos los grupos étnicos de la región y le dan un ambiente de color y vida a esta inhóspita región. Las mujeres van ataviadas elegantemente con sus mejores ropas multicolores, joyas, aros, pulseras y talismanes. Es todo un espectáculo a cielo abierto.
Así como en Mali y Níger, en Burkina Faso, también se alzan majestuosos templos de barro. Bani, es un bonito ejemplo, sus siete esplendorosas mezquitas, que vistas desde el cielo representan a un hombre en plena plegaria. El mantenimiento de estos templos a cargo de sus fieles es la prueba del fervor místico de sus gentes.
En el sur, la sabana subtropical ofrece una vida más suave debido al clima y la orografía de la región. Es una sabana ondulada y herbosa, pródiga en arbustos y salpicada de árboles centenarios. Es la frondosa huella vegetal que dibuja el Muhun, el Volta Negro, el río sagrado de los Lobi, un pueblo animista de hábiles cazadores. A diferencia de otros pueblos africanos, los Lobi supieron organizarse sin necesidad de una jefatura política. Sus "sukalas", hábitats de adobe, son un mundo aparte, una unidad autónoma de producción donde la única autoridad indiscutible es la cabeza de la familia. La riqueza y complejidad de la cosmogonía Lobi, se manifiestan en todo lo cotidiano y haya su cabal representación en la estructura de las grandes casas familiares "sukalas", concebidas como un microcosmos ordenado en el que cada detalle cumple una función simbólica
Bobodioulaso "la casa de los Bobo y los Dioula", las dos étnias que conviven en armonía en la región. Bobo es la segunda ciudad del país y se beneficia de un clima fresco y agradable. Es conocido también por sus animadas noches en los "maquis" (pequeñas tabernas) donde se bebe cerveza local, se come y se escucha la música de moda.